Licda. Olga Ovares Araya. MBA
Comisión Nacional de Rescate de Valores
Directora Ejecutiva

Desde la segunda mitad del siglo XIX siempre ha existido una profunda preocupación por la formación cívica de la ciudadanía y hoy en un mundo de globalización y apertura de mercados existe una apremiante inquietud por sistematizar enfoques y pedagogías, para la formación de una ciudadanía que asuma el reto de construir una sociedad con una visión menos mercantilista y más humanista.

En nuestro país desde inicios de la vida republicana se concibió que la educación debía formar para el ejercicio de la vida cívica, por ello una de las funciones de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás fue la de fortalecer la Instrucción Cívica de la ciudadanía, porque estaban apostando a una vida política, social, cultural y económica robustecida. Esta preocupación entre los profesionales de la educación aún hoy se mantiene y esta obra es un buen ejemplo de ello.

Para todos es sabido que los ciudadanos somos sujetos de derechos y obligaciones. No obstante, si no poseemos conocimiento moral es muy difícil llegar al razonamiento moral y aún más al sentimiento moral, que nos genere conducta y conciencia moral, para la construcción de una sociedad democrática y armoniosa.

Solo sabiendo quiénes somos, haremos juicios de valor, para definir y decidir hacia dónde vamos como sociedad. De ahí la gran importancia de formar ciudadanos identificados con principios de identidad, que fundamenten el conocimiento de nuestra idiosincrasia, donde las personas construyamos una sociedad solidaria, crítica y comprometida.

El gran reto de la comunidad educativa, es facultar a la ciudadanía como el activo más importante que posee el país, para sus procesos de desarrollo humano. Solo con la suma del compromiso de los diferentes actores sociales, lograremos desde la academia, que nuestra población tenga conciencia moral del legado que a través de la historia se le ha otorgado. Con estas consideraciones nuestra población será menos permeable y más crítica ante los eventos foráneos que no nos enriquecen como sociedad. Es ahí donde radica el asidero de voluntades, actitudes y decisiones para asumir con mayores responsabilidades y conocimientos nuestra herencia como miembros de una sociedad valiente y pujante.



 

 
Comisión Nacional de Rescate de Valores 2006